CLASIFICACIÓN DE LA VÍCTIMA EN EL PROCESO PENAL BOLIVIANO

CLASIFICACIÓN DE LA VÍCTIMA EN EL PROCESO PENAL BOLIVIANO

Existe un sinnúmero de clasificaciones respecto a la víctima, consideraciones que varían desde la cantidad, a la calidad pero para comenzar nos referiremos a la respaldada por uno de los tratadistas que ha dado surgimiento a la victimología.

CLASIFICACIÓN DE LA VÍCTIMA EN EL PROCESO PENAL BOLIVIANO

Para Mendelshon, la víctima puede ser tanto culpable como el victimario en el  hecho delictivo. Esta propuesta de Mendelshon, se establece claramente según advierte, “al estudiar motivación y reacción en la “pareja penal”, lo que daría lugar a la repartición similar de responsabilidad penal”.

Esta posición asumida por Mendelshon, establece que la víctima y el victimario  estarían de acuerdo, variando el análisis de la responsabilidad al momento de establecerla, aspecto que no se puede sustentar, por lo que corresponde tener en cuenta, que en muchos casos el victimario no tiene ningún tipo de relación con la víctima, debiéndose analizar y determinar cómo sucedieron los hechos y la relación existente que pudiera mediar en el mismo. Para ello, la victimología hace una serie de clasificaciones, asegurándose si existe la pareja penal, o no existe tal relación.

En cuanto a estas clasificaciones, el autor Peris nos afirma: “(…) estas clasificaciones, se han ocupado muchos autores desde la década de los cuarenta a la actualidad, ocupándose cada uno de clasificarlas según sus investigaciones”.

Entre las clasificaciones de víctimas apoyadas por investigaciones concretas,  según sea el delito cometido, tendremos en cuenta la clasificación realizada por el autor español, Landrove Díaz Gerardo, en su libro denominado victimología, siendo una de las que se toma en cuenta en el aspecto criminológico y jurídico, veamos:

1.- Victimas Participantes

Previamente partiremos de una definición de víctimas participantes definiéndolas como: “Aquellas que desempeñan un cierto papel en la génesis del delito. Integran los supuestos más evidentes de intervención, voluntario o no, de la víctima en la dinámica criminal, y ofrecen una amplia gama de posibilidad”.

La víctima participante, es considerada como aquella que con su actuar facilita la victimización, sin tomar en cuenta determinados recaudos para evitar la comisión del hecho, llamando la atención del victimario y poniéndose en peligro por ejemplo la señora que luce aretes de oro, sabiendo el riesgo que corre. Según el autor Landrove Díaz se dan dos tipos de víctimas, a saber:  

1.1.-Víctimas alternativas: (…) son aquellas que deliberadamente se colocan en  posición de serlo. Es decir, dependiendo del azar,  donde cualquiera puede ser  víctima, pues al enfrentarse dos sujetos, habrá un duelo entre ambos, y cualquiera puede asumir el rol de víctima o victimario y la defensa empleada.

1.2.- Víctimas voluntarias: Cuando el delito es el resultado de una instigación de la propia víctima o de un pacto libremente asumido.

Es decir la intervención de la víctima en forma voluntaria, para lograr un  objetivo. Ejemplo de ello sería la eutanasia, donde a la vez, la víctima se constituye en un homicida suicida; así como la persona que se somete a mutilaciones, bien sea para cobrar una indemnización o no ir al servicio militar.

3.2.2 Víctimas no Participantes

Son aquellas que no tienen ninguna relación entre víctima y victimario, refiriéndose a cualquier persona que puede ser potencialmente víctima  de un hecho sin quererlo, ni buscarlo.

Así vemos, que éstas son, “Víctimas anónimas que nada aportan al  desencadenamiento de la conducta delictiva”. Las víctimas de este tipo, no tienen ningún tipo de participación sea  ésta de  manera consciente o inconsciente. Debemos considerar que pueden surgir de acuerdo a la intervención dos tipos  de víctimas, las accidentales y las indiscriminadas.  Por víctimas accidentales se interpretan, a aquellas que por cosas del azar, son  encontradas por el victimario en su camino y que por lo general no se conocen, pues todo ocurre circunstancialmente. A manera de ejemplo, para ilustrar lo anterior, podemos decir que es el caso en que un peatón sufre un atropello, por cuanto el chofer conducía de forma imprudente; o bien cuando se está a bordo de un autobús y el mismo es asaltado por sujetos armados que lo abordan sorpresivamente.

Respecto a las víctimas indiscriminadas, podemos decir que son aquellas que  no tienen ningún vínculo con el victimario, ni parte en un hecho concreto o conflicto, lo cual es evidente en los casos de terrorismo.

En el caso de víctimas involucradas, se habla de un colectivo como el blanco  perfecto de opresión, siendo muchas las personas afectadas por el hecho al momento de tratar de conseguir un objetivo por parte del victimario, sin importarle el daño ocasionado, sino el cumplimiento de su objetivo.

3.2.3 Víctimas Familiares

Estas se dan al interior de la familia donde son agredidas física y psicológicamente, siendo las más débiles del núcleo familiar, repitiéndose estas agresiones en muchos casos en forma constante, considerándose este tipo de víctimas como vulnerables las conformadas por niños, mujeres, discapacitados y personas de la tercera edad.

Así nos lo hace ver el citado autor Landrove Díaz, cuando hace referencia a “la  indefensión de estas víctimas -que llegan a sufrir, además, graves daños psicológicos- aparece subrayada por la existencia al respecto de una muy elevada cifra negra”.

Al hablar de cifra negra, se hace mención a aquel número de víctimas que quedan en el anonimato y no presentan sus denuncias, por lo que no se las procesa ni se puede hacer nada a favor de ellas, y en muchas ocasiones vuelven al núcleo familiar para seguir siendo agredidas, convirtiéndose en un círculo del cual se les hace imposible salir.

Estas víctimas deberían recibir un apoyo real, para salir del anonimato en el  que se encuentran por ello es importante, contar con entidades que las respalden en todo momento, para así hacer respetar sus derechos fundamentales, llegando a presentar su denuncia, para inmediatamente recibir el apoyo necesario por equipos multidisciplinarios en logro de la justicia, a la vez que se logre la credibilidad en el sistema de justicia, que se ha olvidado de ella y en forma constante vulnera sus derechos.

 2.- Víctimas Colectivas

Son aquellas personas jurídicas, que se ven afectas por la comisión de determinados tipos penales, cuyos bienes jurídicos protegidos van en contra de personas colectivas.

Así lo textualiza el autor García-Pablos, cuando nos señala que:  “(..) se destaca así la despersonalización, colectivización y anonimato que  caracterizan las relaciones entre delincuentes y víctima en una muy característica criminalidad de nuestro tiempo: delitos financieros, fraudes al consumidor, delitos cometidos mediante ordenadores y, en definitiva muy amplios por ser de lo que suele denominarse delincuencia de cuello blanco”.

Este tipo de delincuencia, es la que casi siempre queda en la impunidad, debido a que es difícil individualizar al victimario que pasa desapercibido, sobre todo en consideración a su situación al interior de la institución, y en otros casos, por los medios tecnológicos que utiliza para la comisión de los hechos delictivos.

Para la comisión de estos hechos se necesita determinada especialidad, por lo  que las personas que cometen este tipo de delitos, se ven protegidos por el lugar que ocupan o son de una determinada clase social.

Por lo que se considera a estas personas de cuello blanco, a quienes los cuales  es muy difícil llegar a procesar, teniendo como víctimas a  una diversidad de personas, siendo el caso de aquellos que utilizan el Internet para divulgar la pornografía infantil.

 3.- Víctimas Vulnerables

Al referirnos a las víctimas vulnerables, debemos partir de una clasificación de las mismas, considerando factores personales, entre los que se encuentra: el sexo, edad, la debilidad corporal, la escasa capacidad de defensa, etc.

Cabe señalar, que las víctimas más vulnerables están constituidas por los niños quienes actualmente sufren un abandono de sus progenitores, que en muchas ocasiones los dejan al cuidado de parientes, los que abusan de ellos, constituyéndose en una de las víctimas más desprotegidas; posteriormente, se encuentran las mujeres,  que de acuerdo a datos estadísticos son las más propensas a que se comentan delitos sexuales en su contra; y por último los ancianos, quienes son objeto de delitos económicos y por su avanzada edad son víctimas de inescrupulosos que no reparan en vulneran sus derechos, además de constituirse en personas abandonadas.

En palabras del autor Landrove Díaz, “(…) los factores sociales que predisponen a la victimización ofrecen, también, una variada gama de posibilidades: la deshogada posición económica de un sujeto, su estilo de vida, la ubicación de su vivienda, el contacto frecuente con grupos marginales, etc”.

Este tipo de víctimas son las que sufren en forma constante agresiones, vulnerando en  forma permanente sus derechos fundamentales, sin que la sociedad tenga piedad de ellas y el Estado, que de manera indiferente, no asume por medio de sus instituciones, mecanismos de protección, pero las vemos aparecer en datos estadísticos repetitivos  y constantes en diferentes medios nacionales e internacionales.

Por lo que corresponde volcar la mirada hacia las víctimas vulnerables  constituidas por menores, mujeres, discapacitados y personas de la tercera edad.

4.- Víctima Simbólica

Las víctimas simbólicas, son aquellas que resultan vulneradas, debido a que el ataque está dirigido a un sistema de valores. En esta categoría, se incluyen partidos políticos, una ideología, una secta religiosa o una familia a la que la víctima pertenece, según nos lo hace ver el autor Landrove Díaz.

En este caso, no existe una víctima directa, pero es trascendental establecer que no solamente es víctima la que sufre un daño,  sino los que están en su entorno, a quienes también trasciende el daño causado.

5.- Víctima Falsa

Víctimas falsas se consideran a aquellas que en forma voluntaria establecen una situación como cierta, presentando una denuncia cuando en realidad nunca se dio el hecho o bien ellas mismas lo provocaron para ponerse en la situación de víctima.

El autor Landrove Díaz, nos señala dos tipos de víctimas de esta naturaleza, las  que se denominan: “víctimas simuladoras y victimas imaginarias”.

En principio, la víctima simuladora, actúa conscientemente al realizar la falsa  imputación y con el deseo de provocar un error judicial.

Y la víctima imaginaria, es quien erróneamente cree -por razones  psicopatológicas o inmadurez psíquica- haber sido objeto de una agresión criminal.

Estos tipos de víctima, lo que pretenden en muchos casos, es llamar la atención  sobre algo que nunca sucedió, así como distraer la labor policial y legal. Muchos de estos casos, se pueden asociar con situaciones de lucro, venganza, cuestiones mentales entre otros factores determinantes, a los cuales se le debe prestar la atención necesaria para no caer ante ellos, como víctima de sus actuaciones desmedidas.

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